martes, diciembre 08, 2009

Contra la apatía

La apatía marchita lenta y silenciosamente la democracia. La democracia es lucha permanente. Es ruidosa y alborotada y la mayoría de las veces, lenta porque lograr consenso en el disenso lleva tiempo y mucho trabajo. La apatía no dice, no mira, no piensa, no hace. Y deja en manos de los déspotas todas las decisiones que definirán nuestros destinos.
Los déspotas no necesariamente son gobierno. Cada vez más, las decisiones verdaderamente importantes, que definen la vida o la muerte de la población de cualquier país; como iniciar una guerra para mantener el millonario negocio armamentístico o petrolero, contaminar para aumentar las ganancias (o cualquier otra determinación de objetivos inhumanos) pasa por manos privadas y multinacionales que, cual falsos dioses, se transforman en omnipresentes, invisibles y cada día más omnipotentes. La apatía les allana el camino, limitando los esporádicos reclamos a la vida individual, como si tal cosa fuera posible; restringiendo el blanco de los cuestionamientos a la gestión pública, como si lo público y lo privado pudieran entenderse aún como esferas separadas. El mal de la apatía es fomentar la simpatía entre ambas fuerzas de poder en perjuicio de la población que desinteresada y harta ha enmudecido. Bajo el efecto anestésico de la apatía, va perdiendo uno a uno los sentidos hasta causarse voluntaria pero inconscientemente, la muerte cerebral.
Yo no quiero una sociedad callada y apacible. Discreta, invisible, tranquila. Sin pensamientos, con el cerebro muerto. A merced de los becerros de oro; transcurriendo, ignorando todo. Yo quiero vivir en una sociedad de colores y tambores; gritos y llantos; carcajadas y sonrisas. Con ojos brillantes, despiertos, bien abiertos. Con los brazos extendidos y en alerta todos los sentidos. Para germinar semillas diversas y que la democracia nunca se marchite.

jueves, julio 09, 2009

Deja Vú

Cuando vi esa luz cegadora a través de la hendija blanda tuve mi primer deja vú y supe que todo volvería a cambiar exactamente de la misma forma pero ¿Podría evitarlo? ¿Podría, sabiendo mi destino, cambiarlo?

Mientras mamá me peinaba con esa expresión de orgullo, en mi primer día de escuela, sentí otra vez ese calor en el pecho y la misma inmensa responsabilidad de no decepcionarla que ya había sentido en mi verdadero primer día. “Voy a hacer todo bien mamá. Voy a hacer los deberes y seré un buen alumno” le prometí en secreto. Sin embargo, yo sabía que pasaría lo inevitable. Extrañamente conocía la tragedia que tarde o temprano truncaría mi promesa aunque no podía adivinarla por más que me esforzara. Tenía esa sensación maldita rondándome y no podía dominarla. Yo sabía, sabía. Pero ¿Qué sabía? Si supiese con precisión lo que habría de ocurrirme, ¿Podría evitarlo? ¿Pero si yo lo sabía! ¿Por qué no podía recordarlo?

Todos los días de mi vida transcurrieron así. Con felicidades, tristezas, victorias y fracasos. Pero siempre con ese odioso presentimiento de haberlo vivido todo antes. Era extraño porque no sabía con precisión lo que ocurriría pero antes de experimentarlo, podía adivinar si me sentiría mal o feliz aunque no tenía los datos suficientes como para poder modificar las cosas. Era como estar en una montaña rusa, donde antes de la bajada abrupta, sabés que vas a sentir un vértigo infernal pero no podés hacer nada para evitarlo y, en realidad, no sabés si en ese momento te vas a mear del miedo, si la estructura va a romperse o si el juego terminará simplemente y al final del camino reirás del susto que te diste. Yo sentía de antemano la emoción que me provocaría la situación pero no podía adivinar qué suceso me causaría ese sentimiento.

Así fue mi primer beso, mi primer amor, mi primer gran dolor. Todas mis primeras veces fueron en realidad las segundas. Mi vida era un permanente deja vú. Llegué incluso a consultarlo con la psicóloga pero lógicamente ya sabía que no resolvería mi problema así que, decepcionada, dejé de ir al poco tiempo. Aunque me preguntaba si dejar las sesiones era algo que ya había hecho antes y que por eso estaba haciéndolo ahora. Pero si decidía continuar, ¿Sería por mi propia iniciativa o porque ya estaba de alguna manera “escrito” en mi destino que yo siguiera las sesiones creyendo que tomaba una decisión diferente cuando en realidad estaba repitiendo el pasado irreversible e inevitable? Ese pasado maldito que no existía. El pasado del mismísimo presente que estaba viviendo me atormentaba con los sucesivos deja vú ¿Y si era un mismo deja vú toda mi vida? ¿Y si estuviese viviendo dos veces la misma historia? ¿Habría tenido en mi vida anterior estos deja vú y entonces los de ahora eran deja vú de deja vú? Las preguntas se me enredaban en la cabeza y no podía dejar de pensar “esto ya lo pensé antes” y entonces trataba de pensar algo distinto pero el intento de cambiar era un nuevo deja vú de haberlo intentado antes.

Mi vida era un infierno. Peor que eso. Un infierno que ya había vivido antes y que no podía cambiar. Cualquier decisión que tomaba, era una decisión que ya había tomado antes. Era como intentar ganarle al espejo. Todos mis movimientos estaban predeterminados y no podía hacer nada novedoso, nada que cambiarla el rumbo de mi experiencia y dejase atrás esos malditos deja vú. Estaba atormentada porque sabía que eso tendría un resultado fatal aunque no pudiese predecir cómo.

“¡Esto ya lo viví! ¡Esto ya lo viví!” grité por última vez en el aire, mientras me dejaba caer del octavo piso del departamento que alquilaba en el paradójico barrio “Pueblo Nuevo”. Mi cuerpo se desarmó en la vereda, sobre la caca de un perro callejero.

Cuando abrí los ojos, vi otra vez esa luz cegadora a través de la misma hendija blanda y todo volvió a cambiar exactamente de la misma forma.

martes, marzo 24, 2009

CUENTO COLECTIVO

Les propongo escribir un cuento a control remoto. Yo doy el puntapié inicial y cada lector puede sugerir el sentido siguiente que tomará el relato. Qué quieren que haga el personaje principal, qué acontecimiento o personaje querrían sumar, etc. La condición es que todo sea inventado (aunque no quita que puedan inspirarse en personajes y hechos reales o ficticios). Pueden aportar cuantas veces quieran. Yo, por si falla la colaboración de los lectores, voy a ir dando curso a la historia por mi cuenta mientras no reciba comentarios participativos.
Listos? Ya!

Garrote era demasiado grande para ser un pueblo y demasiado chato para adjudicarse el título de ciudad. El 80 por ciento de su población esta formada por penitenciarios, policías y obreros. El resto no era mucho más que el resto. Comerciantes y simples transeúntes que soñaban con lograr hacer algo más excepcional de sus vidas que sobrevivir.
Nielsen formaba parte del resto. Era joven y tenía ansias de devorarse el mundo pero poco a poco se fue opacando y el destino irremediable de todo garrotense lo arrastraba a toda velocidad hacia el precipicio.
Su primer día de trabajo en...

la Farmacia de la Dra. Úrsula, que concoce a Nielsen desde que nació, prácticamente- no ella, sino él, porque él tiene veinticinco y ella cincuenta-, se vio constreñido (no constipado), a llevar y traer medicamentos por todo "Garrote", lo que no es mucho decir en cuanto a distancias, dado lo estrecho del pueblo, pero sí en cuanto al estudio de las características de cada cliente-paciente, que demandaban unos para detener las idas al baño y otros para posibilitarlas, así como algunos para poder tener relaciones sin riesgo, otros simplemente para tenerlas, y otros para poder dormir. Y Nielsen cambió: de haber considerado que su destino sería opaco y aburrido, a creer con fundamento, que su vida estaba destinada a convertirse en protagonista de prodigios, a influir en las personas de un modo milagroso. Y tenía razón: El Sr. Donoso Barroetaveña, de quien pudo deducir o creer que era insomne, necesitaba -a juicio de Nielsen-, enamorarse. Y como recibía la medicación muy parecida a la de la Sra. Sara Goldstein, la conclusión se le impuso a nuestro cadete de farmacia como una evidencia incontrastable: eran el uno para el otro.
Así que el mismo 17 de Febrero de ese año, día lunes, y muy temprano, Nielsen llevó a cabo el plan que había pergeñado el fin de semana anterior...


enviarles una convocatoria para construir la "gran obra" de la plaza central( la supuesta construcción del monumento de Garro Garrote) porque a juzgar por sus manos, el señor Barroetaveña, era un gran herrero y la señora Goldstein cosía como pocas. Porque en Garrote las modistas no eran muchas.
Nielsen sospechó que esa convocatoria podría cambiarles la vida a ellos y al mismo Nielsen que a partir de ahora, debería transformarse en un hombre responsable, con obligaciones pero con la misma ropa de farmacéutico de siempre...

Si bien Nielsen nunca quizo usar de esas ropas, sus sueños le impedían adecuar la vestimenta, al menos más allá de un traje y su auto soñado. Pero el tiempo en Garrote se le escurría de entre las manos y sus sueños tardaban en llegar, por eso fue que tomó aquel trabajo, sin imaginar lo que iba a suceder esa gris mañana...

en que por fin redactó las convocatorias para el señor Barroetaveña y la señora Goldstein.

"Respetadísimo señor Barroetaveña: Las honorables personas que dedicamos todo nuestro esfuerzo y trabajo al municipio de Garrote, y también sus funcionarios, hemos resuelto con total admiración y orgullo, ofrecerle a usted la construcción del glorioso monumento a Garro Garrote, el recordado Coronel que supo aprovechar la oportunidad y, una vez muertos todos los indígenas en manos de los soldados, supo con astucia adjudicarse el dominio triunfal de este territorio y sin mover un pelo, quedó en los anales de la dichosa historia local y hoy a él debemos el prestigioso nombre de Garrote.
Para homenajear al admirable Coronel, encomendámosle a sus habilidosas manos de herrero y a usted, la construcción del monumental monumento. Aunque será condición irrenunciable que su colaboradora sea la señora Goldstein quien lleva una larga trayectoria en la costura y es considerada la mejor modista del pueblo y la única.

En breve deberá contactarse con ella y comenzar la edificación del monumento en el tiempo más breve que les fuese posible.

Atentamente
Señor Nielsen".

Cuando el señor Barroetaveña terminó de leer aquellas líneas...

lunes, marzo 16, 2009

Los ojos desaparecidos

Ella tiene los ojos de él. Desaparecidos, tal vez muertos. Brillantes, tristemente sonrientes.

Cuando se les miran los ojos de papel en blanco y negro, la hoja parece profunda y atrapa a todo el que mira en un profundo abismo en remolino, cuyas pupilas son el centro de un inmenso y vertiginoso vacío. En el centro, en el lejano fondo, que podría no existir, se depositan como deseos las interminables preguntas sin respuestas.

Qué bonita esta ella. Qué bello está él. Ambos parecen tan sanos, tan a salvo. Sin embargo los ínfimos puntos en blanco y negro que conforman la tristeza de sus fotos, causan la angustia irreparable de la impunidad.

Ella podría ser él. O tal vez al revés.

¿Qué habrán visto sus ojos por última vez?

¿Quién podría merecer el dolor como último sentimiento de vida?

¿Quién merece morir con los ojos tristes y desesperados?

¿Quién merece desaparecer?

Y finalmente desvanecerse en el letargo de la justicia con la que juegan los hombres?

Ni ella ni él.

Ni yo.

Ni vos.

Ella tiene los ojos de él. Que son los tuyos. Los míos.

Cuando los veo, me desparecen los ojos. Nos desaparecen a todos.

Y la ciudad se llena de ciegos.

miércoles, enero 14, 2009

La Gárrula 34

Es la primer gárrula de 2009 y la última del primer capítulo de El Umbral. Muy posiblemente debería comenzar esta columna resumiendo los hechos más relevantes de 2008. Hubo muchas tragedias y algunas alegrías. Pero frente a la realidad que, por lo pronto, avasalla las condiciones de producción de este suplemento, me veo en la obligación moral de emprender una cruzada cuasi heróica. “¡Buena! ¡Qué exagerada!” pensarán ustedes tal vez, con mucha razón. Pero quienes son capaces de fanatizarse con un suplemento, al punto de coleccionar cada número, sabrán de la gravedad de la novedad que he de darles. Este hermoso suplemento se ha visto instigado a atravesar por un período inerte. Debo decir con claridad; una vacaciones forzadas durante todo enero, señores y señoras. Todos los jóvenes impacientes, los adultos transgresores y los mayores negados a envejecer, deberán atravesar un duro mes de abstinencia. Será difícil, lo sé. Pero habrá que resistir. Por eso, aprovecho esta columna para pedir a todos los fieles lectores de El Umbral que se movilicen. Así como fueron capaces de juntarse todos en navidad y año nuevo en una formidable iniciativa al aire libre, en el Parque Mitre y como tantas otras iniciativas juveniles (y no tanto) han surgido para festejar, pido, desde este humilde lugar, que los seguidores de este suplemento envíen mails a favor de la continuidad de El Umbral. Si bien nos han prometido que volverá, lo cierto es que se trata de vacaciones forzadas dados algunos recambios políticos a nivel universitario, bajo el argumento de revisar algunos emprendimientos. En realidad, serán apenas dos suplementos menos, pero ¡Qué suplementos! No obstante las buenas intenciones que, afortunadamente, nos sobrevuelan, el temor en quienes hacemos este trabajo con tanto cariño, es inevitable. Por eso, creo justo y necesario hacer conocer al fiel público, las problemáticas que nos atraviesan. Pido, así, una sencilla colaboración y propongo una convocatoria. Quienes disfrutan leer El Umbral, envíen sus mails a la casilla electrónica de este suplemento (elumbral@elpopular.com.ar) o bien a los contactos que estén a su alcance, manifestando su apoyo moral y exigiendo la pronta restitución del suplemento. Pasemos unidos esta dura etapa de sequía y reclamemos el urgente regreso de este espacio de mucha creatividad y poca cordura ¡Viva El Umbral carancho!
Hasta pronto?

La Gárula 33

Se acercan las fiestas y a pesar de que todo sigue caro, la gente trata de alegrar la casa con lo que se puede. En el municipio el temor porque alguien le revele a José que “el intendente son los padres” ya quedó atrás. Pasado el tiempo, parece estar claro que el lugar heredado ya es suyo.
En estos quince días los robos aflojaron pero siguen en punta los arrebatos y la violencia entre vecinos. Escasea la paciencia y la tolerancia. Tanto, que las marchas multicolores que se dieron a lo largo del año, terminaron también con divisiones. En la última marcha en la que trataron de unirse evangélicos y productores rurales, terminaron maldiciendo unos y bendiciendo los otros.
Como en la navidad suelen aparecer cuentos y relatos, yo voy a contar uno que surgió de tirones públicos y no tanto y que tiene que ver con la prensa. La historia, a modo de gárrula, dice más o menos así: Lucían Tucci, Ricky Sarkani y las mismas polémicas carteras ejecutivas Louis Vuitton. Las mujeres llegaban casi tan bronceadas como la tía de la protagonista del film “Loco por Mary”. Los hombres, elegantes. Con pañuelo al cuello y carpincho en los pies. Afuera, una adolescente caminaba por la vereda de asfalto con sus hermanitas. Iban con la ropa descolorida por el polvo y las piernas llenas de tierra. En la Sociedad Real se había creado el Movimiento de Propietarios de la Argentina. Decían que era parapolítica pero también podría haber sido paramilitar, paramédica y pará; para todos los que quieran sumarse. La apariencia daría lo mismo si no fuese, como en esos casos, el reflejo de discursos que “rayan” la Constitución. Sin embargo, a los propietarios no les gusta que les recuerden el tono antidemocrático de sus opiniones y cuando alguien lo hace, se acuerdan de que existe la justicia y recurren, como pocas veces, a ella. Es una suerte que aún exista la resucitada libertad de prensa en la que pueden verterse los más variados análisis y recogerse también opiniones de todos los colores; incluyendo el verde militar.

La Gárrula 32

Parecen los signos del Apocalipsis. Alguna extraña plaga que sobrevuela los campos, acercándose a la ciudad mató vacas en el camino de Colonia San Miguel y dejó otros olores nauseabundos por Colonia Nievas donde también había cuerpos de vacunos sin vida, entre montañas de basura. No son las personas las responsables de lo que pasa. No son las políticas municipales ni provinciales ni nacionales. Son los espíritus y la luz mala que merodea entre nosotros. No hay crisis ni trabajo en negro. Si Cataldi dice que el empleo irregular es del 20% habrá que creerle. El es un hombre que esta incondicionalmente del lado del trabajador y jamás haría o diría algo que no sea a favor de los empleados. No hay robos. Si hubiese robos podríamos pensar que no hay trabajo, que hay muchas personas desesperadas, con hambre, sin futuro. Pero eso no ocurre en esta aquietada ciudad. Los precios son razonables y la carne esta tan barata que no volvió a haber abigeatos. Si de casualidad se produce algún atraco, la policía actúa rápidamente y detiene a todos los delincuentes, incluso a los que también trabajan de funcionarios. Por ejemplo, esta quincena realizaron un gran operativo de inteligencia y detuvieron a un hombre que se había adueñado con total impunidad de una bolsa de papas y en otro caso, lograron recuperar 20 mil de 90 mil dólares y 8 mil euros que habían robados de una casa. También robaron en locales de ropa y en un centreo de adicciones pero eso es sólo una sensación de inseguridad. Una sensación. La crisis está sólo en la cabeza de las personas y que el Gobierno no tenga mucha credibilidad no tiene que ver con el INDEC ni con las cifras de Cataldi ni con Louis Vuitton ni con la intención de votox. Es la gente, que es mala y comenta. No son los crímenes sin respuesta. No es la apatía de los olavarrienses. Es la luz mala que cubre de neblina la ciudad y no nos deja ver este maravilloso mundo de cemento que se agita bajo nuestros pies.

martes, noviembre 25, 2008

Pensaba

El dilema



Pensaba, pensaba, pensaba, pensaba, pensaba. Cómo transgredir las reglas dentro de las reglas. Cómo escapar sin salir. Cómo volar sin alas. Cómo, cómo, cómo. Giraba en círculos mientras pensaba. Un giro y otro y otro. Siempre en el mismo sentido pero no siempre en el mismo eje. Se rascó la caballera queriendo ayudar al cerebro a hallar una solución al problema. “Tiene que ser una cuestión de lógica”. Pensaba. “Tengo que verlo, de algún modo tengo que verlo”. Seguía pensando cada vez con más agitación. La solución tenía que aparecer de algún modo. “No es posible que el mundo sea este y no haya más opciones”. Se dio un coscorrón en la cabeza. “Tiene que haber otra forma de hacer las cosas. Tiene que haber” siguió excitándose mentalmente. Ahora se frotaba los dedos entre sí, como dispuesto a encontrar pronto qué hacer con ellos. La calma lo incomodaba. El conformismo no le estaba permitido bajo ninguna circunstancia. “No puedo tolerarlo por mucho tiempo más. Tiene que haber otra salida, tiene que haberla”. Le picaron los ojos. El tiempo se hizo irremediable. Y se fue haciendo tarde. Quiso sentarse a escribir lo que pensaba pero las palabras resultaron insuficientes para explicar la complejidad del inhumano mundo que le carcomía la cabeza. “¿Cómo puedo explicar el llanto de un niño hambriento? ¿Qué puedo decir que refleje el horror de esa realidad? ¿Cómo puedo traer a ese niño a esta hoja para que otros humanos puedan realmente ver sus ojos y ponerse un instante, un instante, en su piel?” El dilema le taladraba las neuronas. La forma. “¿De qué forma debo contarlo?” Había que ser preciso, había que dar en el blanco. Ni más ni menos. No excederse, pero acertar. Seguía pensando. El problema se transformaba en una bola de nieve. “Y ¿Qué logro escribiendo?” Y otra vez aparecía la pregunta inicial ¿Cómo crear un mundo mejor dentro de este mundo que ya estaba como estaba; tan rebasado de inhumanidad? Y siguió pensando. Pensó, pensó, pensó. Nunca más pudo dejar de pensar. Ni aún cuando pensó que, tal vez, quizás, el pensar ya era algo.

domingo, noviembre 23, 2008

SOBREVIVIENTES

Nacer en la muerte


Tras varios llamados la nota se concreta. Paradojicamente, queda fijada para el 15 de noviembre; a dos meses de la tragedia de la combi en la que perdieron la vida 4 estudiantes terciarios. De los 6 sobrevivientes, 4 aceptan. César Steinbach y Yamila Cequi prefieren no recordar. En su casa, Natalia Olivetto me espera junto a Jessica Degenhart, Estefanía Laveglia y Giselle Tigri. Las respuestas surgen antes que las preguntas. Pero ya hay una certeza. Sus vidas no son las mismas.


El tema no es fácil. El silencio aparece una y otra vez. Es agudo y deja un rastro sublime en los tímpanos. La falta de sonido es esa ausencia escalofriante que ya no dará paso a la silueta de Belén en el abrazo que Estefanía dibuja para su tía, con sus brazos cruzados sobre la cintura. La almohada que intenta ahora aliviar el dolor en la columna de Natalia la vio soñar muchas noches que todo era mentira. El banco del Instituto seguirá vacío cada vez que Giselle entre a clase y acepte con dolor sentarse sola. Y posiblemente los ojos claros de Jessica vuelvan a mojarse con una sustancia amarga que mezcla el dolor y la bronca. Dos meses es poco. Las imágenes todavía no se alejan y los momentos previos se ven ahora extrañamente absurdos. “Nosotras tres y Mariana y Nadia somos de tercero y ese día teníamos parcial. Algunas iban repasando y nosotras íbamos charlando” recuerda Estefanía Laveglia, señalando a Natalia Olivetto y a Jessica Degenhart que están sentadas a su lado, y en ese orden, contando en el grupo a las amigas que ya no están; Mariana Azcona y Nadia Spaltro. Las chicas tratan de reconstruir el momento fatal del impacto. “Lo primero que hice yo cuando vi venir el tren, fue levantar el brazo para cubrirme. Después no me acuerdo más nada” apunta Jessica que parece la más fuerte de las cuatro y Estefanía agrega detalles: “Yo venía charlando con Nati y en un momento sentí un envión como cuando frenan de golpe. Se me fue el cuerpo hacia adelante y miré hacia el costado, a la ventanilla, y vi cómo el tren se nos vino encima. Ahí cerré los ojos; porque te das cuenta que se viene”. Natalia, en cambio, no recuerda nada del momento del accidente ni de los momentos previos. Estuvo al borde la muerte y recién un mes después supo porqué. “Cuando tomé conciencia, estaba en clínica común, y yo decía que estaba operada del apéndice. Porque yo no sabía nada del accidente” cuenta riéndose con timidez, como pidiendo permiso para sonreír entre la dramática trama. “Yo decía eso porque antes del accidente a mi me dolía la zona del apéndice y había ido al médico a consultar y me dijo que no tenía nada. Pero yo igual dije que me habían sacado el apéndice” explica. Pero lo más sorprendente es el modo en que se enteró. “Después me enteré cuando vine a mi casa, cuando me dieron el alta. Justo era 14 de octubre y el 15 se cumplía un mes. Entonces, en canal 5 pasaban imágenes y ahí yo dije ‘yo viajaba en esa combi’. Pero en mi casa no me dijeron nada. Después cuando vino mi novio lo senté a lado mío y lo ataqué a preguntas. Después empecé a pedir diarios para leerlos y saber lo que me había pasado” cuenta Natalia con los ojos abiertos y el ceño en alto, admitiendo lo curioso del relato. Con el cuerpo malherido como único registro, no fue fácil asumir que 4 de sus compañeros habían perdido la vida y que ella misma estuvo al borde de la muerte. En los sueños, la realidad le resultaba más verosímil y más feliz. “A la noche soñaba con Nadia, que me decía que todo era mentira, que era algo que me estaban contando a mi. Y soñaba que me decía ‘¿cómo vas a pensar que yo me moría?’”.

Los recuerdos que narran son perturbadores. Estefanía tuvo que describir la ropa que llevaba puesta su tía para confirmar su fallecimiento. “Me pidieron que diga cómo estaban vestidos los chicos porque había muchos de los fallecidos que no tenían documentos. Entonces empecé a decir cómo estaban vestidos y cuando me preguntan por las características de mi tía; no me quedaron dudas”. Quería salir corriendo. Escapar de la tragedia hacia el refugio. “Lo primero que quería era salir de ahí para estar con mi familia y más que nada pensaba en mis abuelos”. A Estefanía le urge contar lo que pasó. Necesita cerrar las heridas pero el vacío todavía arde. “Para mí, no fue un accidente y nada más. Hay gente que me dice que tengo que estar contenta porque me salvé pero para mí es difícil porque es como que una parte mía se fue con ella”. Al principio, Estefanía no podía dormir, tenía miedo en la oscuridad y ataques de llanto. Ahora toma pastillas para blanquear su mente y poder dormir. Algo parecido le pasó a Giselle. “A mi muchas veces no me dan ganas de seguir. Yo me sentaba con Belén. Y es muy chocante estar todos los días sentada en la mesa y que falte ella. Yo muchas veces me tuve que ir de la clase porque no aguantaba no verla a ella” cuenta Giselle con la voz baja y los labios tristes.

A pesar del dramatismo de los relatos, las lágrimas no aparecen sino en la bronca. Discusiones previas con la conductora, por la forma de manejo, les hacen pensar que fue un accidente evitable. Y eso es lo que produce enojo e impotencia. “Yo no sé si Natalia lo hizo queriendo o no, pero a mi me arruinó la vida” sentencia Estefanía con un dolor que le surgía de las mismas entrañas donde nace la rabia. “Sentimos bronca porque nos arruinó la vida a todos” refuerza Natalia con la mirada sostenida, pidiendo una justicia diferente de la que probablemente resultará.

Sin dudas, la tragedia les cambió la vida. Les dejó heridas, bronca y dolor y unidad. “Esto nos unió totalmente por las que estamos y por las que faltan. Es un lazo que en nosotras tres nunca en la vida se va a cortar. Es muy fuerte. Es como que ese día volvimos a nacer las tres. Es algo que queda para siempre” apunta Estefanía, la más analítica de las cuatro. “Apreciás más las cosas porque sabes que en cualquier momento te puede pasar algo. Yo pienso eso; que en cualquier momento algo puede pasar entonces es como que valorás mucho más las cosas” evalúa Natalia. “Nos cambió la vida a todos porque nos hizo pensar la vida de otra forma” sintetiza Giselle.

Aunque piensan en superarlo y recordar a sus compañeros les da fuerza para completar los sueños que compartían, hay imágenes, olores y sonidos que no van a olvidar. Los rastros que deja la muerte son irreversibles. “Si la gente supiera el dolor que puede provocar no pensar dos segundos, tendrían más cuidado” advierte Estefanía con otra frase que clava en el blanco como un dardo. Jessica parece obstinada. La bronca es la que dispara la mayor parte de los comentarios finales. La idea de que la tragedia se podría haber evitado le carcome la cabeza. Natalia coincide casi siempre con Estefanía aunque conserva una expresión pasiva que acompaña el estado de su cuerpo. La tristeza de Giselle no se desprendió un segundo de sus gestos y la última frase lo confirma todo. “Creo que el dolor siempre nos va a quedar”.


La tragedia

Era un día como cualquier otro. Lunes 15 de septiembre, en los albores de la primavera. Natalia Gómez Portillo, de 28 años, llevaba a 10 estudiantes al Instituto Superior Santo Tomás de Aquino a cursar las carreras de psicopedagogía y gastronomía. Ese día tenían examen, así que algunos iban repasando. Era el atardecer y una de las chicas pidió que cerraran las cortinas porque el sol le ardía en la nuca. El brillo del ocaso se fue atenuando con sospechosa premura pero antes de desaparecer completamente el sol, otra luz se cruzó vertiginosamente por las ventanas. La locomotora se aproximó fatal e irremediable. Los chicos sólo alcanzaron a ver la luz. Después todo fue rodar, golpear y morir. César Steinbach (20), Yamila Cequi (18), Jessica Degenhart (21), Estefanía Laveglia (21) y Giselle Tigri (18) salieron prácticamente ilesos. Natalia Olivetto (20) perdió la conciencia y despertó, con mucho esfuerzo, un mes más tarde. Mariana Azcona (20), Belén Laveglia (29), Nadia Spaltro (20) y Matías Cabrera (21) no despertaron más.


La Gárrula 31

Si en estos días te dejaron en banda, no te sientas mal. Se trata de la campaña “Separados del amiguito” que se ha dado a difusión con el tema “Te lo agradezco, pero no”. La ola “no te aguanto más, te lo digo de onda”, pegó fuerte en casi todas las esferas de la comunidad. En la policía el slogan está a full. Al jefe del 101 todos lo querían pero igual lo fletaron. Todo muy lindo, sos lo más, no cambies nunca pero andáte. Y lo mismo podría pasarle al titular de la Primera. No es nada, en la política ya están acostumbrados a esas cosas. Alicia Tabarés se bajó de la interna del PJ y dejó colgado a su compañero de fórmula, Eduardo Santellán. Lo dejó plantado en el altar. El plantón nos puede pasar a todos. Una estudiante sufrió un intento de arrebato y cayó en seco sobre el asfalto. Dijo que el Hospital y la policía la dejaron tirada porque no se podía levantar sola. Era mucho esfuerzo tomarle la denuncia, levantarla, curarla. ¡Uf! ¡Dejála ahí! ¡Vamos a pedirnos unas pizzas! También les pasó a los que protestaron contra la estatización de las AFJP; el campo tenía su propio reclamo, no podía estar en todas. La marcha de los empleados de las administradoras duró apenas unos minutos; no consiguieron el cupo mínimo y tuvieron que suspenderla. Los productores tienen sus propios problemas y cada sector los suyos. Todos los grupos sociales tienen hoy un motivo para protestar y la agenda se llena de movilizaciones escasas. Pero las convocatorias más exitosas suelen ser las que provienen del interés económico individual. Matan a Navarro, Lallana (6 años), Salvaresqui, Corbalán, Galván y las marchas son marchitas. Pero si nos tocan el bolsillo, las calles se llenan, cortan las rutas, aparecen las banderas nacionales y exponen esqueletos de supuestas vacas lecheras sacrificadas. Para algunos esos son los verdaderos crímenes. ¿Y que mueran los pobres? ¿Cómo quedarían sus esqueletos expuestos al costado de la ruta? La vida y la salud de los comerciantes han sido jaqueadas incansablemente. También su economía. Sin embargo, tampoco lograron concientizar a la sociedad. Por suerte, se las arreglaron igual y lograron tener varias reuniones con la policía y el municipio, llegando a imponer el tema en la agenda urgente de los funcionarios. Pero sigue habiendo hambre, desocupación y un futuro en el precipicio. Siguen los robos y la violencia familiar estalla. En un contexto agitado vino el Ministro de Justicia bonaerense y dijo que quiere crear la policía judicial y cuando le preguntaron por las estadísticas delictivas, se le habían perdido ¿También lo habrán dejado en banda? Por las dudas, antes de que me dejen en banda a mi también, me voy ¡Muy lindo todo! Chau.